Toda
acción humana, explícita o implícitamente, está orientada por una concepción
del mundo. De los seres humanos y de las relaciones que se dan entre ellos.
Esas concepciones orientan el comportamiento de las personas, imprimiendo
sentido y dirección.
Esto
se refiere a los valores, que podemos definir como estados ideales normativos
que nos indican cómo hacer y cómo ser, generando normatividad en la acción,
metas hacia las cuales se dirige el comportamiento. Es decir, son orientaciones
éticas que inspiran los cánones o modos de ser y de
comportarse considerados como los más perfectos, acabados y completos para una época y una sociedad dada, en cuyas creencias y costumbres influyen.
El reconocimiento de la existencia y la necesidad de valores rectores de la acción han acompañado a la psicología comunitaria de sus inicios. El hecho mismo de que en su versión estadounidense la corriente dominante sea definida en todas sus expresiones específicas como ecológicas indica que está orientada por la presencia de ciertos valores: la armonía, la preservación, respeto, solidaridad, unión, equidad, amistad, justicia, paz. Así mismo en américa latina, donde las raíces de la psicología comunitaria se hunden en las de las ciencias sociales en su perspectiva crítica y trasformadora. Así, en la obra de Fals Borda, acción comunal en una vereda colombiana (1959), están definidos cinco principios fundamentales, que se asientan en valores y que fueron adoptados por la psicología, pero de los cabe decir que dos de ellos (el cuarto y el quinto) tienen un carácter psicosocial. Esos principios son:
comportarse considerados como los más perfectos, acabados y completos para una época y una sociedad dada, en cuyas creencias y costumbres influyen.
El reconocimiento de la existencia y la necesidad de valores rectores de la acción han acompañado a la psicología comunitaria de sus inicios. El hecho mismo de que en su versión estadounidense la corriente dominante sea definida en todas sus expresiones específicas como ecológicas indica que está orientada por la presencia de ciertos valores: la armonía, la preservación, respeto, solidaridad, unión, equidad, amistad, justicia, paz. Así mismo en américa latina, donde las raíces de la psicología comunitaria se hunden en las de las ciencias sociales en su perspectiva crítica y trasformadora. Así, en la obra de Fals Borda, acción comunal en una vereda colombiana (1959), están definidos cinco principios fundamentales, que se asientan en valores y que fueron adoptados por la psicología, pero de los cabe decir que dos de ellos (el cuarto y el quinto) tienen un carácter psicosocial. Esos principios son:
1. Catálisis social:
se define por el rol del agente externo o interno que actúa con la comunidad a
favor de su transformación. Es el agente catalizador de la transformación que
busca la autonomía y liberación de los participantes
2. Autonomía del grupo:
refiere que toda acción debe ser decidida, organizada y realizada con una
orientación democrática, por y con los grupos organizados de la comunidad y los
miembros de la misma que deseen participar
3. Prioridades:
implica la jerarquización funcional de los miembros de la comunidad según las
necesidades o acciones que se desea atender o cumplir
4. Realizaciones:
la necesidad de obtener logros, de producir resultados en el sentido de la
transformación deseada. Supone tener productos concretos que muestren que la
acción conjunta ha dado resultados
5. Estímulos:
Propone la necesidad de que la comunidad en general y en particular aquellos de
sus integrantes que se organizan en grupos de trabajo construyan y definan como
estímulos que producirán sus logros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario